Las sombras se extendieron más allá del cielo cubierto de ceniza. Llovía polvo negro y la ciudad parecía un espectro salido de un loco experimento de un viejo demonio aburrido. El humo inundaba las calles como una neblina irrespirable que hacía llorar a los pocos transeúntes que aún caminaban por las aceras con rapidez, para llegar a sus hogares antes de que la noche fuese más oscura. “Las desgracias de los demás, suelen ser alegrías para otros ” , era lo que solía decir su mentor, “No hay nadie que no desee el mal ajeno.” - ¡¡Mihael!! El Vampiro se giró y se retiró de la ventana, absorto como estaba en sus pensamientos, no vio a Caliel acercarse a la casa. - ¡¡Mihael!! – Volvió a repetir, mientras subía las escaleras sin aliento. - ¡¡Mihael, rápido!! Mihael abrió la puerta y lo esperó apoyado en el marco, sin inmutarse ante los gritos de su compañero de piso. Su cara era una máscara perpetúa de superioridad, la misma ante cualqu...