Un intrincado laberinto de tatuajes tribales decoraba su Piel. Dibujos que mutaban con cada Estación, cambiando formas y colores: Azul gélido cuando se acercaba el Invierno; Verde esperanza al estallar la Primavera; Aguamarina con la llegada del Verano y amarillo anaranjado al inicio del Otoño. La larga melena castaña, adornada con trencitas, rastas y abalorios de hueso, hacía juego con sus iris color ámbar, dotando a su Rostro de un brutal Atractivo Animal. Su cuerpo, semioculto por tejidos de piel de lobo y cuero, desprendía un ligero aroma a tierra mojada. Todo en Él era Humano, salvo las regias Astas de Ciervo que coronaban su cabeza: Dos protuberancias magníficas, recubiertas de un delicado terciopelo, que surgían de su cráneo, ramificándose con una Belleza Salvaje. Jamás olvidaré la primera vez que lo vi... Alto y esbelto, parecía surgido de las entrañas de un mito fantástico. Recuerdo que... Recuerdo que tuve que parpadear varias veces, guardarme un suspiro y morderme el la...