La C bordeó la etiqueta, dejando que la tinta se escurriese por la superficie de la caja, lamiendo sin pudor los intrincados dibujos que se hundían en el metal. Con cierta dificultad, la tercera letra del abecedario se unió a una O temblorosa y, esta a su vez, se engarzó a la R. Poco a poco, el CORAZÓN se fue formando, con trazos infantiles, imprecisos, que parecían llenar de inmadurez una destartalada caligrafía. A la apreciada Palabra, se le añadió una descripción precisa sobre su tipología: HAMBRIENTO . Un latido rebotó contra las paredes de su nueva jaula, demostrando aquello que hacía mucho que los científicos más sádicos y sin remordimientos habían descubierto, que un Corazón podía vivir fuera de su carcasa humana, dentro de un líquido espeso, de composición secreta, al que se le añadía parte de la Sangre de su antiguo Dueño, para que su Memoria permaneciese intacta. Un segundo <<Dum-lup>> reverberó feroz, agitando el cofre, haciendo estremecer los engranaje...