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Memoria Fotográfica (Capítulo 2-1)

París. Marzo del 2014.


"Un hedor a carne putrefacta y agusanada se colaba a través de las grietas de las rocas que sostenían los muros del castillo como un Susurro Invisible.

Los pasillos, inundados de cuerpos que sudaban sangre, esperaban con ansia los chillidos que preceden a la muerte para poder descansar.

La epidemia prolongaba sus acogedores brazos hacia cualquier ser viviente que se aventurase en las entrañas de la fortaleza, arrastrándolo al más allá sin piedad.

El Miedo, como un ángel redentor, incitaba a la huida, al suicido como único fin.

El Rey, sentado en su trono de obsidiana y rubíes, contemplaba con las cuencas de los ojos vacías, como sus súbditos le rendían pleitesía con gestos de horror y agonía. Cadáveres andantes que se mecían al ritmo de una melodía silenciosa que clamaba a los cielos piedad y misericordia.


Y, entre aquel mausoleo improvisado de vieja roca desmemoriada, un llanto histérico de bebé se habría paso, a través del fuego purificador de las hogueras, como un aliento acogedor. A su lado, con el rostro cansado y la mirada perdida y deshecha en miles de haces de luz, descansaba un cuerpo de mujer carcomido por altas fiebres que sujetaba en sus manos un vial de sangre negra…"

Un gemido angustioso se escapó de los labios de Luzbel, abriéndose paso con suavidad, con una lentitud prácticamente palpable, como si tratase de materializarse en una nube de humo y ceniza. Los párpados se agitaron en un tembleque efímero, buscando la manera de huir de los Dominios del Dios del Sueño, pero Morfeo parecía no querer dejar escapar a su víctima, atándola a aquel Mundo Onírico en el que las Pesadillas no eran más que Recuerdos, retazos de una Vida que no le pertenecía y que, sin embargo, sentía como propia. 

Njörðr. Gangrel. Lobo
"¿Qué es lo que somos?
 ¿Personas? ¿O animales? 
¿O salvajes?"
William Golding

- Luzbel… - Atenta y protectora, la voz de Njörðr dibujó una melodía tierna y dulce, impropia para el Gangrel, demasiado desconocida en el Vampiro. Salvaje y solitario, la Bestia que rugía en su interior, un Lobo descomunal, una especie de Licántropo monstruoso que duplicaba su altura y triplicaba su peso cuando el Protean dominaba su cuerpo, parecía un cachorrito manso, cada vez que se encontraba al lado de su Amor. - Revenir à moi, se il vous plaît ...

Aquel “Vuelve conmigo, por favor…” tuvo una respuesta silenciosa, un ligero movimiento, un giro delicado, en el que la Trémere, como una niña pequeña y asustada, buscó refugio entre los brazos de N, acurrucándose contra su pecho desnudo. La frialdad de su aliento chocó contras las viejas cicatrices, contra las más recientes, dejando tras de sí un caminito de pequeños puntitos, erizando cada centímetro de la piel del Lobo. Tímida y mimosa, Luzbel ocultó el rostro, buscando su rincón seguro, allí donde los Espectros no se atrevían a mirar, donde los Fantasmas tenían vedada su entrada. Aunque, pocas veces importaba que el cuerpo del Gangrel fuese un lugar prohibido, un Santuario, su refugio, pues los Habitantes del Más Allá acudían desvergonzados en busca de la Medium. 

¡¡No sé quién eres!! ¡¡No sé qué quieres!!

Los sollozos desesperados de la criatura que la perseguía en sus pesadillas, le perforaban el cerebro y la hostigaban cada madrugada a la misma hora. Eran las 4:00 y, una vez más, habían sido sus propios aullidos de terror la que la habían despertado de forma brusca. Y el vial de sangre negra… Estaba convencida de haberlo visto en algún lugar, pero su Memoria se negaba a revelarle aquel Secreto.

Extendió el brazo izquierdo sobre las sábanas de seda púrpura y se encontró con el frío de la ausencia. Las lágrimas se arremolinaron en sus ojos y tragó saliva para acumular las fuerzas que sabía que necesitaría cuando la Realidad la abofetease una Noche más: La cama estaba vacía.

Un ruido en el piso de abajo la alarmó en un primer momento, pero la esperanza, sentimiento caprichoso, la convenció para que creyese que, quizá, se tratase de Gabriel.

Se levantó con cuidado y se sintió extremadamente torpe, gorda y patosa. Su reflejo de embarazada se dibujó en el espejo del tocador como si fuese un Fantasma rodeado de un Aura de Inocencia, que solo podía ser fruto del blanco de su camisón. Sonrió con amargura ante aquella burla del Destino. Aún no se había acostumbrado a verse y, tal vez, sería mejor que fuese así, al fin y al cabo, dos meses después volvería a ser la misma de siempre. Su Naturaleza Asesina regresaría a ella. Con ternura, sus dedos dibujaron caricias suaves sobre la tripita abultada, sintiendo las patadas enfurecidas de su Pequeño, respondiendo contrariado, como si no estuviese de acuerdo con los Pensamientos Oscuros que se formaban en su Mente.

Ignorando los latidos frenéticos de su Corazón, insistentes, golpeando su sien izquierda, salió de la habitación y se aferró al pasamanos de madera recién lacada, cuyo aroma a barniz le revolvía el estómago, amenazándola con perder el equilibrio.

-  ¿Gabriel?

Alexia De Molay.
Trémere. 

"¿Miedo a la Muerte?
Uno debe temerle a la Vida, no a la Muerte..."

Marlene Dietrich
No obtuvo respuesta del Silencio.

Sus pulmones se hincharon, atrapando el oxígeno, respirando hondo, dispuesta a afrontar las escaleras que se extendían bajo sus pies descalzos, como un abismo tenebroso, mientras su mano derecha sujetaba con mimo su barriguita.

Maldijo sin voz.

Gabriel había olvidado cambiar las bombillas fundidas y la única luz, que se filtraba a través del ventanal del salón, era la de la Luna. Los delicados haces crepusculares, le permitieron distinguir, entre sombras sus pasos y, amparada por las Estrellas, bajó los escalones con lentitud, descansando un segundo en cada uno de ellos, como si algo más pesado que su tripita la forzase a detenerse.

Cuando llegó abajo, los ruidos parecían haberse detenido, solo los gruñidos amenazadores de Pesadilla se podían apreciar en el mutismo de la Noche. Se acercó a la puerta acristalada y la abrió con precaución: Sus sentidos estaban dormidos y su Auspex ciego. La Vida que llevaba en su interior había destruido el dominio sobre aquellas Disciplinas que eran la base de su poder. Era el precio del Milagro.

-  Tranquilo. – Susurró. El lobo salvaje que hacía años que la acompañaba se acercó, alerta, protegiéndola de las Sombras. – Pesadilla, tranquilo…

¡Alexia! – Las sílabas surgieron a borbotones, letra a letra, un nombre que dolía, que arañaba el Corazón cada vez que su mejor amiga podía escapar del Infierno, del Reino Celestial, de donde quiera que su Alma hubiese ido a parar. Asustadas, las pestañas de Luzbel se alzaron, haciendo un barrido entre las Sombras que delineaban sus ojeras de un suave lila, clavando sus iris oscuros en la cabeza de la serpiente que rodeaba el torso del Gangrel, encontrándose frente a frente con su mirada viperina. – Lex…

Alexia de Molay. Trémere. Vampiro.

Alexia de Molay. Milagro. Humana. Nueve meses.

Lex. Amiga. Confidente. Mentora.

Me gusta pensar que los Recuerdos 
no mueren con la carne, 
que todo aquello que hacemos, 
que todo a lo que atribuimos un valor 
se queda escrito con Tinta Indeleble 
en la Memoria del Mundo, 
que los Hombres inventaron el concepto de Justicia 
para tener presente la Fragilidad del Bien, 
la Indolencia del Equilibrio
 y para tratar de corregir los Errores de Dios.
Eduardo Sánchez Rugeles
 Luzbel… - Los brazos de Njörðr se entrelazaron sobre la espalda desnuda de su Amor, formando un lazo indestructible, un nudo hecho de Corazón, de sentimientos jamás confesados, que no necesitaban ser revelados, pero que estaban grabados a Fuego y Sangre en su piel. - Trouver qui nuirait, Je promets ...

“Encontraremos a quien le hizo daño, te lo prometo…”, un compromiso, una obligación, una Venganza. Njörðr Björd-Klund no era leal a nada, ni tan siquiera a su Clan, al que le tenía respeto, sí, pero no mucho más… ¿A nada? La Lealtad del Gangrel le pertenecía a Luzbel. Única y exclusivamente a la Trémere. A la Trémere y a un grupito de amigos muy reducidos, compañeros de Cacería, de batallas… Pero a Nadie más. A Nada más.

Alexia de Molay. Causa y efecto de la “Misión Hijo de la Sangre”. Misión fallida… Desde el Más Allá, con ayuda del Más Acá, Alexia de Molay se había convertido en el Ángel de la Guarda de Alvar de Montecristo… Un pequeño niño, de un año de edad, Humano. Hijo de Vampiros. 




Nota para Curiosos: Los Clanes Vampirícos de este relato están extraídos del Juego de Rol "Vampiro: La Mascarada". Para más información y para aquellos que quieran echarle un ojo (O los dos ^^) este es el link El Rincón Del Vampiro ;)

Comentarios

  1. Me encanta como escribes, así como el diseño de tu blog.
    Un saludo y un abrazo!

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    Respuestas
    1. Fran! Nuevamente gracias!! *-* Por tu comentario!! Y, sobre todo, por tener un ratín para leerme!! Se agradece mucho!! ^^
      Besis ;)

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  2. Qué derroche de imaginación, guapa! Obnubilada me hallo. Tu forma de retorcer las frases, las palabras... juegas al despiste durante todo el relato para dejar el anzuelo al final y que piquemos desando que continúe el relato!
    Muy bueno!! Me seguiré pasando por aquí a leerte!
    Un beso!!!

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  3. Aiiiiixxx!! Guapi!! *-* Antes no las retorcía tanto, pero dos años roleando en Twitter y terminé desarrollando un estilo muy propio! ;P Y muchísisimas gracias por tu comentario!! ^^ Y por dedicarme un ratico a leerme!! ;) ¿Qué pasará? xDDD Puuues... Deseando estoy en escribir la próxima entrada! En cuanto saque un ratín, me pongo!! ;)
    Un besazoooo!! *-*

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