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Memoria Fotográfica (Capítulo 1-2)

Madrid. Septiembre del 2013.


Durante diez minutos, las botas de Orión caminaron sin rumbo, perdidas, tratando de encontrar una senda imaginaria, como si, por arte de Magia, una sucesión de baldosas amarillas pudiese llevarle hacia su Destino, fuera cual fuese su Sino. ¡Qué más daba! ¡No importaba! ¡Solo quería alejarse de Luzbel!

La Muerte no existe, la gente sólo muere cuando 
la olvidan...Si puedes recordarme, 
siempre estaré contigo.

Isabel Allende
Pero… Solo se descubrió a sí mismo, como siempre, arañándole los segundos al Reloj, esperando a que el Eclipse finalizase abruptamente y, así, volver a esconderse del Sol. Sol… Sol Infernal que quemaba las entrañas, que, algunas mañanas de Pesadilla, le hacía recordar que una vez fue humano, aunque su Mortalidad no fuese más que un Secreto perdido en la Memoria, pues no sabía quien había sido entonces… Su única certeza era que era Orión, El Cazador. Su única verdad. El único yo que conocía.

La mirada de obsidiana del Assamita se posó divertida en la baranda pintada de verde gusanito de un balcón, mientras contemplaba a los Gnomos con una expresión risueña, casi infantil, permitiéndose un momento de risa tonta, aunque su risa estuviese tan estropeada como el mecanismo de cuerdas que debía hacerlas sonar. Los pequeños Seres de Fantasía debían haber montado una especie de comuna entre las jardineras colgantes, pues sus gorros puntiagudos y de múltiples colores, asomaban graciosos entre las florecillas blancas de aquel jardín improvisado… 

Y, entonces, la escuchó. Allí estaba, otra vez. Una vocecita suave, de niño, mimosa, tierna, con una dulzura que haría bailar de alegría a cualquier Corazón. ¿A cualquiera? No. Al suyo, no. Pero estaba ahí. En su Mente, en su cerebro… Una evocación, un Sueño, una Ilusión… ¿Qué era aquello? Llegaba sin más, atraída por un estímulo que nunca comprendía y, con la misma rapidez que se hacía eco entre sus neuronas, se marchaba, dejándole una sensación de Locura impresa en un Baúl de los Recuerdos que no le pertenecía y que, sin embargo, estaba anclado al Alma que había perdido cuando se dejo seducir por las Promesas de los Descendientes de Caín. 

-  Sí, sí… Todo lo que te digo es cierto… - Las sílabas se chocaron unas contra otras, en un balbuceo inconexo, pastoso y con sabor a vino barato. - ¡Uuuuuhh! La Oscuridad oculta cosas muy oscuras… ¡jajajajaja! Te lo digo yo que trabajo con un tipo muy raro…

El Cazador agitó la cabeza, haciendo oscilar la capucha, obligándola a moverse al ritmo de unos Pensamientos que trataba de arrojar al retrete de su Conciencia, centrándose en las palabras de pronunciación viscosa y, a su vez, tragándose la rabia y la furia que obligaron a sus puños a cerrarse sin compasión, clavando las uñas en la ruda piel de las palmas de sus manos.

La verdadera Amistad llega 
cuando el silencio entre dos parece ameno.

Erasmo de Rotterdam
Teo.

Teo y su maceta de cerveza caliente en la mano derecha.

Teo y su maceta de vino con cola en la mano izquierda.

Teo.

Teo y su dudoso equilibrio, con las mejillas ardiendo y el rostro cubierto por una lujuria difícilmente disimulable, un calor que no parecía sentir pudor ninguno y el ridículo más que evidente que su Hombría Etílica le proporcionaba.

Teo. Su Goul. Teo. Su amigo. Su voz. 

Rápidas, expertas y, sobre todo, muy desconfiadas, las pupilas del Assamita recorrieron sin vergüenza alguna las dos figuras femeninas que parapetaban a su Goul. Dos arpías de extraordinaria belleza, curvas de infarto, un cuerpo que enloquecería a cualquier Mortal y que parecían echar a suertes a quien le tocaba azuzar a Teo con la bebida. Una y otra vez, insistiéndole con caídas de pestañas seductoras y sonrisas zalameras, como si en el Elixir de Baco hubiese una pócima secreta para hacer de su Voz, el hombre más potente del Planeta. 

Belleza Extraordinaria. Extraordinaria. 

- Umm… Teo… – Un susurro lascivo se estampó contra la oreja del joven, una caricia de palabras morbosa que, acompañada de un roce pecaminoso, una lengua peligrosa y el lóbulo de una oreja, provocó un escalofrío excitante en la columna vertebral del Goul, una corriente eléctrica que descendió a través de su espalda. Una reacción más que esperada, ante la cual, la Belleza Morena sonrió satisfecha. - ¿Alguna vez te has acostado con dos mujeres a la vez?

Teo ladeó el rostro embobado, negando al instante, imaginando la escena, permitiéndose el lujo de un instante de descanso en su agitada vida de Mortal al servicio de un Vampiro. Una Fantasía hecha realidad. Una Morena y una Pelirroja. Hermosas, preciosas, atrevidas… Una experiencia única.

-  Me gustaría poder… - Se atragantó. Con su saliva. Se atragantó de pronto, sin pretenderlo. Su garganta se agarrotó de golpe, mientras su voz huía hacia algún lugar seguro de su embotado cerebro, buscando la manera de no huir Él también al contemplar la sombra de Orión proyectada contra la cristalera del bar. Grande. Inconfundible. Pero Teo no se giró, paralizado. – Me-Me… Gus-Gus-Gus…

Lentamente, el Assamita alzó el brazo y, cuando parecía que iba a estampar a su Goul contra los cubos de basura que había frente a la multitud que bailaba y charlaba en la acera, haciendo una fiesta improvisada, su dedo se posó con suavidad en el hombro de Teo, dejando sobre su sudadera de Star Wars un ligero golpecito.

Y no pudo evitar el respingo. Teo saltó como un gato asustado. Un gato que quería zafarse de las manos de una Fantasía que ya no se daría lugar. Un gato que logró evadirse de sus captoras, para poder hacer una reverencia ridícula, provocada por los efectos del alcohol.

-  Señor…

Orión gesticuló.

-  Sí, Señor. – Contestó avergonzado. – Lo entiendo, Señor… Sí, Señor… 

Una vez más, las botas del Assamita se pusieron en marcha, con paso firme, seguro, seguido de Teo. De Teo. De su único amigo, de la única persona Mortal o Inmortal en la que confiaba.

-  ¡Eh! ¡Mercenario! – El grito de la Pelirroja rasgó el aire, golpeando a Orión con fuerza, con una fuerza más que sobrenatural. En un suspiro, sus pasos de Bailarina de la Noche se colocaron tras el Cazador, mientras sus dedos, terminados en uñas teñidas de Tinieblas, se clavaron en su cazadora, tocándole sin permiso, sin importar si se lo daba. Obligándole a sentir su aliento gélido, de Invierno, de escarcha, recorrer sus tímpanos, estremeciéndolos con el roce de su Respiración Muerta. -  Las Sombras abrazarán la Locura. La Demencia condenará a la Bruja. Y su ejecución será silenciosa…

Hábil, sin Miedo y con un humor de perros que no tenía ganas de enmascarar, Orión empujó a la mujer sin miramiento alguno. Sin escrúpulos, sin importar qué narices pareciese la escena… ¡Estaba harto! ¡Cansado! Cansado de la Misión; De los malditos Zombies de Mentira, que no sabían que estar Muerto era de todo, menos una Bendición; Cansado de Teo y sus ganas de echarse una novia, una novia que nunca entendería que era un Goul… Sí. Estaba cansado.

Y continuó caminando, como si sus botas no hubiesen sido forzadas a detenerse. Sin pararse, ignorando los intentos de Teo por guardar las pocas formas que le quedaban… Continuó caminando, una vez más, sin mirar atrás.

Pero el Eclipse llegaba a su Fin, el Sol regresaría y su Luz Incandescente le quemaría… Le asesinaría sin escrúpulos, como solía hacer Él, como hacía El Cazador que era.

Sin Tiempo, sin tan siquiera quererlo, Orión agarró a Teo, hundiendo sus manos en la cabeza redondeada de R2D2, asegurándose de que aquel callejón sí estaba desierto, que no había nadie que vigilase sus proezas de Vampiro. Y así, sin más y de un solo salto, se coló en un pequeño piso sin muebles. ¿Casualidad? ¿Destino? Una vez más daba igual. Estaba totalmente vacío. Como su interior. Sin gestos de “Buenos Días”, cerrando los ventanales del balcón, bajando las persianas y atracando la puerta de entrada, se quitó la chupa y se la entregó a Teo para que la usara de almohada.

 "Dioniso envió sátiros para sumir 
a Orión en un profundo Sueño 
de manera que así pudiese ser cegado..."
En silencio, dejó a su Katana descansar, a su lado, apoyada contra la pared e, imitándola, Orión se dejó caer contra la mole de gotelé azul Pitufo. Sus párpados renunciaron a mantenerse en pie y, muy poco a poco, ocultaron los iris de obsidiana del Cazador, rindiéndose a su Cansancio. Y, sin pretenderlo, se acordó de Luzbel y una pequeña punzada de arrepentimiento le atravesó el Corazón.

¿Corazón?

Él ya no tenía de eso.

¿O sí?

Y Morfeo, quisquilloso y enrabietado, no le dio opción a descubrir la respuesta, regalándole su Dosis de Sueños.



Si quieres saber cómo continúa... Memoria Fotográfica Capítulo 1 (Parte 2)

Nota para Curiosos: Los Clanes Vampirícos de este relato están extraídos del Juego de Rol "Vampiro: La Mascarada". Para más información y para aquellos que quieran echarle un ojo (O los dos ^^) este es el link El Rincón Del Vampiro ;)

Comentarios

  1. Me gustan las historias que huyen de lo común; y esta, sin duda, es una de ellas. Estoy deseando leer más :D

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    1. ¡Muchísimas gracias! *-* Veremos como sale la paranoia que tengo montada en mi Cabecita Loca... :D

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