Escondía su Nariz bajo un entramado de lana de colores. La bufanda, utilizada a modo de parapeto, se iba impregnando del suave aroma a frambuesa que destilaba su cuello. Aroma que, poco a poco, Yo no dejaba de aspirar, como quien fuma una sustancia prohibida a escondidas. Era como estar sumergido en un Cuento Infantil, en donde tratas, por todos los medios, rozar con tus Dedos los Cabellos del Hada. Pero Yo, ya no era un Niño. Y las Hadas ya no existían. Lo único real, dent ro de aquella tediosa espera en el andén del tren, era el Aroma de Frambuesa. Y su Naricilla ocultándose del Mundo. Cuando se giró y me miró directamente a los ojos, una Sonrisa de Labios Púrpuras emergió tras la retirada, más a tiempo que nunca, de una bufanda que comenzaba a ser molesta. - ¡Uuufff! ¡Menos mal! ¡Por fin! ¡Ha salido el Sol! - Su Voz pareció disipar la Niebla que nos rodeaba. Y Yo... Yo solo supe asentir idiotizado por su forma de Sonreir. De Sonreirme. Publicado en mi Página de...