sábado, 25 de marzo de 2017

Sagrado Monte Da Madalena

“¡Oh! ¡Señora mía! ¡Oh! ¡Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y, en prueba de mi afecto en este día, te consagro mis Ojos, mis Oídos, mi Lengua, mi Corazón… Ya que soy todo tuyo… ¡Oh! ¡Madre de Bondad! Guárdame y defiéndeme como pertenencia y posesión tuya.”




Las Palabras surgieron de la Boca del Elegido y, ante el regocijo de los Presentes, despertaron a la Deidad que dormía en el Sepulcro de Piedra. Muy lentamente, la más Hermosa de las Mujeres posó sus delicados dedos sobre el borde del que había sido su lecho y, con una elegancia sobrenatural, se levantó. 




- Estos son mi Ojos, con ellos veré el Mundo. Estos... Mis Oídos, con los que os escucharé. Mi Lengua... Dictará Sentencia, será Juez y Verdugo. Mi Corazón... 

Ciego, sordo, mudo y sin Alma, el Elegido había cumplido su Misión. Había entregado su Vida. El Ritual finalizaba en el Sagrado Monte Da Madalena. Sin embargo, los Hijos de María, habían errado en su Conexión con los Cielos y, aprovechando la brecha abierta en el Sendero de los Muertos, una Meiga emergió de las Profundidades para extender el Caos a toda la Humanidad. 

A Lavandeira Da Noite, la más peligrosa de todas ellas, había regresado de su largo Letargo.