domingo, 25 de enero de 2015

Memoria Fotográfica (Capítulo 2-1)

París. Marzo del 2014.


"Un hedor a carne putrefacta y agusanada se colaba a través de las grietas de las rocas que sostenían los muros del castillo como un Susurro Invisible.

Los pasillos, inundados de cuerpos que sudaban sangre, esperaban con ansia los chillidos que preceden a la muerte para poder descansar.

La epidemia prolongaba sus acogedores brazos hacia cualquier ser viviente que se aventurase en las entrañas de la fortaleza, arrastrándolo al más allá sin piedad.

El Miedo, como un ángel redentor, incitaba a la huida, al suicido como único fin.

El Rey, sentado en su trono de obsidiana y rubíes, contemplaba con las cuencas de los ojos vacías, como sus súbditos le rendían pleitesía con gestos de horror y agonía. Cadáveres andantes que se mecían al ritmo de una melodía silenciosa que clamaba a los cielos piedad y misericordia.


Y, entre aquel mausoleo improvisado de vieja roca desmemoriada, un llanto histérico de bebé se habría paso, a través del fuego purificador de las hogueras, como un aliento acogedor. A su lado, con el rostro cansado y la mirada perdida y deshecha en miles de haces de luz, descansaba un cuerpo de mujer carcomido por altas fiebres que sujetaba en sus manos un vial de sangre negra…"

Un gemido angustioso se escapó de los labios de Luzbel, abriéndose paso con suavidad, con una lentitud prácticamente palpable, como si tratase de materializarse en una nube de humo y ceniza. Los párpados se agitaron en un tembleque efímero, buscando la manera de huir de los Dominios del Dios del Sueño, pero Morfeo parecía no querer dejar escapar a su víctima, atándola a aquel Mundo Onírico en el que las Pesadillas no eran más que Recuerdos, retazos de una Vida que no le pertenecía y que, sin embargo, sentía como propia. 

Njörðr. Gangrel. Lobo
"¿Qué es lo que somos?
 ¿Personas? ¿O animales? 
¿O salvajes?"
William Golding

- Luzbel… - Atenta y protectora, la voz de Njörðr dibujó una melodía tierna y dulce, impropia para el Gangrel, demasiado desconocida en el Vampiro. Salvaje y solitario, la Bestia que rugía en su interior, un Lobo descomunal, una especie de Licántropo monstruoso que duplicaba su altura y triplicaba su peso cuando el Protean dominaba su cuerpo, parecía un cachorrito manso, cada vez que se encontraba al lado de su Amor. - Revenir à moi, se il vous plaît ...

Aquel “Vuelve conmigo, por favor…” tuvo una respuesta silenciosa, un ligero movimiento, un giro delicado, en el que la Trémere, como una niña pequeña y asustada, buscó refugio entre los brazos de N, acurrucándose contra su pecho desnudo. La frialdad de su aliento chocó contras las viejas cicatrices, contra las más recientes, dejando tras de sí un caminito de pequeños puntitos, erizando cada centímetro de la piel del Lobo. Tímida y mimosa, Luzbel ocultó el rostro, buscando su rincón seguro, allí donde los Espectros no se atrevían a mirar, donde los Fantasmas tenían vedada su entrada. Aunque, pocas veces importaba que el cuerpo del Gangrel fuese un lugar prohibido, un Santuario, su refugio, pues los Habitantes del Más Allá acudían desvergonzados en busca de la Medium. 

¡¡No sé quién eres!! ¡¡No sé qué quieres!!

Los sollozos desesperados de la criatura que la perseguía en sus pesadillas, le perforaban el cerebro y la hostigaban cada madrugada a la misma hora. Eran las 4:00 y, una vez más, habían sido sus propios aullidos de terror la que la habían despertado de forma brusca. Y el vial de sangre negra… Estaba convencida de haberlo visto en algún lugar, pero su Memoria se negaba a revelarle aquel Secreto.

Extendió el brazo izquierdo sobre las sábanas de seda púrpura y se encontró con el frío de la ausencia. Las lágrimas se arremolinaron en sus ojos y tragó saliva para acumular las fuerzas que sabía que necesitaría cuando la Realidad la abofetease una Noche más: La cama estaba vacía.

Un ruido en el piso de abajo la alarmó en un primer momento, pero la esperanza, sentimiento caprichoso, la convenció para que creyese que, quizá, se tratase de Gabriel.

Se levantó con cuidado y se sintió extremadamente torpe, gorda y patosa. Su reflejo de embarazada se dibujó en el espejo del tocador como si fuese un Fantasma rodeado de un Aura de Inocencia, que solo podía ser fruto del blanco de su camisón. Sonrió con amargura ante aquella burla del Destino. Aún no se había acostumbrado a verse y, tal vez, sería mejor que fuese así, al fin y al cabo, dos meses después volvería a ser la misma de siempre. Su Naturaleza Asesina regresaría a ella. Con ternura, sus dedos dibujaron caricias suaves sobre la tripita abultada, sintiendo las patadas enfurecidas de su Pequeño, respondiendo contrariado, como si no estuviese de acuerdo con los Pensamientos Oscuros que se formaban en su Mente.

Ignorando los latidos frenéticos de su Corazón, insistentes, golpeando su sien izquierda, salió de la habitación y se aferró al pasamanos de madera recién lacada, cuyo aroma a barniz le revolvía el estómago, amenazándola con perder el equilibrio.

-  ¿Gabriel?

Alexia De Molay.
Trémere. 

"¿Miedo a la Muerte?
Uno debe temerle a la Vida, no a la Muerte..."

Marlene Dietrich
No obtuvo respuesta del Silencio.

Sus pulmones se hincharon, atrapando el oxígeno, respirando hondo, dispuesta a afrontar las escaleras que se extendían bajo sus pies descalzos, como un abismo tenebroso, mientras su mano derecha sujetaba con mimo su barriguita.

Maldijo sin voz.

Gabriel había olvidado cambiar las bombillas fundidas y la única luz, que se filtraba a través del ventanal del salón, era la de la Luna. Los delicados haces crepusculares, le permitieron distinguir, entre sombras sus pasos y, amparada por las Estrellas, bajó los escalones con lentitud, descansando un segundo en cada uno de ellos, como si algo más pesado que su tripita la forzase a detenerse.

Cuando llegó abajo, los ruidos parecían haberse detenido, solo los gruñidos amenazadores de Pesadilla se podían apreciar en el mutismo de la Noche. Se acercó a la puerta acristalada y la abrió con precaución: Sus sentidos estaban dormidos y su Auspex ciego. La Vida que llevaba en su interior había destruido el dominio sobre aquellas Disciplinas que eran la base de su poder. Era el precio del Milagro.

-  Tranquilo. – Susurró. El lobo salvaje que hacía años que la acompañaba se acercó, alerta, protegiéndola de las Sombras. – Pesadilla, tranquilo…

¡Alexia! – Las sílabas surgieron a borbotones, letra a letra, un nombre que dolía, que arañaba el Corazón cada vez que su mejor amiga podía escapar del Infierno, del Reino Celestial, de donde quiera que su Alma hubiese ido a parar. Asustadas, las pestañas de Luzbel se alzaron, haciendo un barrido entre las Sombras que delineaban sus ojeras de un suave lila, clavando sus iris oscuros en la cabeza de la serpiente que rodeaba el torso del Gangrel, encontrándose frente a frente con su mirada viperina. – Lex…

Alexia de Molay. Trémere. Vampiro.

Alexia de Molay. Milagro. Humana. Nueve meses.

Lex. Amiga. Confidente. Mentora.

Me gusta pensar que los Recuerdos 
no mueren con la carne, 
que todo aquello que hacemos, 
que todo a lo que atribuimos un valor 
se queda escrito con Tinta Indeleble 
en la Memoria del Mundo, 
que los Hombres inventaron el concepto de Justicia 
para tener presente la Fragilidad del Bien, 
la Indolencia del Equilibrio
 y para tratar de corregir los Errores de Dios.
Eduardo Sánchez Rugeles
 Luzbel… - Los brazos de Njörðr se entrelazaron sobre la espalda desnuda de su Amor, formando un lazo indestructible, un nudo hecho de Corazón, de sentimientos jamás confesados, que no necesitaban ser revelados, pero que estaban grabados a Fuego y Sangre en su piel. - Trouver qui nuirait, Je promets ...

“Encontraremos a quien le hizo daño, te lo prometo…”, un compromiso, una obligación, una Venganza. Njörðr Björd-Klund no era leal a nada, ni tan siquiera a su Clan, al que le tenía respeto, sí, pero no mucho más… ¿A nada? La Lealtad del Gangrel le pertenecía a Luzbel. Única y exclusivamente a la Trémere. A la Trémere y a un grupito de amigos muy reducidos, compañeros de Cacería, de batallas… Pero a Nadie más. A Nada más.

Alexia de Molay. Causa y efecto de la “Misión Hijo de la Sangre”. Misión fallida… Desde el Más Allá, con ayuda del Más Acá, Alexia de Molay se había convertido en el Ángel de la Guarda de Alvar de Montecristo… Un pequeño niño, de un año de edad, Humano. Hijo de Vampiros. 




Nota para Curiosos: Los Clanes Vampirícos de este relato están extraídos del Juego de Rol "Vampiro: La Mascarada". Para más información y para aquellos que quieran echarle un ojo (O los dos ^^) este es el link El Rincón Del Vampiro ;)

domingo, 18 de enero de 2015

Memoria Fotográfica (Capítulo 1-4)

Madrid. Septiembre del 2013.
Marcus Giordano. 
"Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos."
Nicolás Maquiavelo 

- ¡Por Lucifer! – La exclamación que reverberó contra las cuerdas vocales de Marcus Giordano inundó de un fuerte acento italiano la estancia, alejando de su voz la dulzura y el meloso deje aristocrático con el que el LaSombra solía encandilar a sus víctimas. De etiqueta, bien trajeado y con una gabardina gris marengo de corte clásico, el Vampiro era incapaz de controlar unos nervios que empezaban a desatarse por todo su ser, ignorando el férreo control que solía tener sobre ellos. - ¡Estate quieto de una puta vez!


Unos ojos de un fuerte verde esmeralda, muy intenso, demasiado intenso para poder ser considerado un color real, le observaron con una expresión de desconcierto y confusión, una mirada de extrañeza y sorpresa, todo mezclado entre sí, brillando en la Oscuridad que reinaba en el interior de aquellos iris que parecían provenir de otro Mundo. Dreck De Rother, más conocido en aquella ocasión como Elderbar, apodo que se cambiaba en función de la Misión en la que se veía inmerso, como si así pudiese ser mil personajes distintos, sin dejar de ser un Malkavian, se agitó de forma frenética, con un tembleque más propio de una culebrilla epiléptica que de un Bebedor de Sangre a punto de entrar en frenesí. Todo su cuerpo se contorsionó con espasmos, los brazos se retorcieron en un ángulo imposible, danzando al ritmo de alguna canción absurda, mientras las piernas jugaban al charlestón, golpeándose contras las paredes de aquel cubículo, un pequeño trastero cargado de muebles con aroma a moho y a encierro perpetúo.

Cada movimiento descoordinado era una amenaza. Un aviso. Una llamada de atención. Cada movimiento era todo lo que Dreck De Rother era: Un Loco. Un puto Vampiro enloquecido por un Sire que había decidido tomar como alumno a un adicto a las setas alucinógenas, con aires de gurú místico y que había sido condenado por la Inquisición a una vida entre rejas. Condena de la que se libró hábilmente, convencido de que había visto a Dios teñido de Sangre, cuando en verdad, solo se había topado con un Caínita que acababa de mandar al Más Allá al verdugo que iba a ajusticiarle.

Rick Grimes.

El Eclipse había sido Eterno, una tregua durante el día, un pequeño resquicio de seguridad a plena luz del Sol, sin embargo… Los segundos, minutos y horas parecían haberse detenido, transcurriendo en una lentitud pasmosa, demasiado lenta hasta para un LaSombra acostumbrado a ver pasar los Siglos a través de su mirada plateada, como si de años se tratase.

Rick Grimes.

Rick Grimes. Rick Grimes. Rick Grimes. 

Dreck De Rother. Loco. Cuerdo. 
"Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura."

Edgar Allan Poe
Aquel nombre, aquel maldito nombre se había convertido en un suplicio para Marcus Giordano. Un horrible y perverso castigo con el que Caín debía sancionarle por todos los pecados que pudo haber cometido y no llevó a cabo, o quizás… Quizás solo estaba inmerso en una puñetera Pesadilla y no estaba allí, encerrado. Encerrado con un Loco. Un Loco que lo había obligado a correr, a sortear Muertos Vivientes, a encararse con más de un Zombie cabreado, mientras perseguía sin descanso a Rick Grimes en todo su esplendor, con sus aires de Héroe y Protector de los últimos resquicios de la Humanidad, evitando una masacre al más puro estilo “The Walking Dead”.

“Todo lo que soy ahora es un hombre en busca de su esposa e hijo. Cualquiera que se interponga en mi camino, saldrá perdiendo…”, la voz de Dreck De Rother, Elderbar, o la reencarnación del Agente Grimes, poco importaba ya, retumbaba una y otra vez contra las neuronas del LaSombra, sin descanso, sin parar, como un disco rayado, estropeado y chirriante, que no tenía pensado detenerse nunca. Regio, poco dado a las bromas, ni a llamar la atención, Marcus apretó los dientes, contrayendo la mandíbula en un intento de dominación, en un intento de no estrangular al Malkavian, sin importarle muy poco si así carecía de elegancia, si aquel acto iba en contra de ese Pacto de No Agresión al que habían llegado mientras duraba la Búsqueda, la Misión. Aquella maldita Misión que no tenía fin.

-  ¿Qué? – La pregunta fue un gruñido tenso, rabioso y enfurecido. Una sílaba molesta, grotesca y muy poco amigable. - ¿Qué? ¡Qué! ¿Qué?

De manera repentina, sin esperarlo, Elderbar detuvo sus movimientos oscilantes bruscamente, quedándose clavado en el suelo, como si de una estatua de piedra maciza se tratase. Su mirada verdosa se intensificó aún más, unos iris muy hermosos, rasgados por multitud de relámpagos esmeraldas que se cruzaban unos con otros, en una tormenta eléctrica de lo más bella.

 Marcus… - La Cordura. Un Malkavian cuerdo. Imposible. Pero… Pero cierto. – Voy a llamar a Orión…
 "¡Locura, dices! ¿Me temes?
 ¿Tienes miedo de lo que podría hacer, de lo que podría decir? 

¡Qué reacción tan fascinante!
¿No la consideras algo molesta?"
Cita Malkavian

- ¿Por… - La Cordura se reflejaba en las pupilas de Dreck De Rother con una seguridad infinita. Una seguridad tan infinita que sobresaltó a Marcus, quien, después de todo, preferiría a un Malkavian zumbado que a uno que no estuviese pirado. - … Qué? ¿Por qué? ¿Dreck?

- ¿Y por qué no? – La respuesta fue concisa, escueta, dotada de nuevo de aquel tono de Locura. - ¿Eh? ¿Por qué no?

- ¡No empieces! – Los dedos del LaSombra, sabios e inteligentes, precavidos a más no poder, se escondieron en los bolsillos de la gabardina, antes de que en su Dueños volviesen a despertarse las ansias homicidas. - ¡Joder!

-  No sé de qué estás hablando… - Como un niño pequeño, Elderbar se encogió de hombros, inocente y frágil a más no poder. Sin apartar sus ojos esmeraldas, dulcificados de pronto, de Giordano, permitió a sus manos rebuscar en la mochila de las Tortugas Ninjas que llevaba al hombro, durante unos segundos interminables, hasta que la derecha se alzó triunfal, sujetando su móvil con carcasa de dragones. – No… No lo sé…

Un tono. Dos tonos. Tres tonos. Cuatro…

Silencio. El Assamita no atendió la llamada. Y el silencio se reflejó en el rostro de Dreck con preocupación e impaciencia. Una repentina premura que el Malkavian no sabía explicar, pero que culebreaba por todo su ser con Miedo, con mucho, mucho Terror.

Un tono. Dos tonos. Tres tonos. Cuatro…

Silencio.

Un tono. Dos tonos. Tres…

-  ¿Diga? – La voz pastosa y cansada de Teo encontró la forma de salir del auricular, escapando del oído del Malkavian que, sin querer, había presionado el manos libres del teléfono. - ¿Diga?

-  ¿Teo? Soy Rick… – Otra vez. Locura. Rick Grimes.  – Marcus y yo estábamos preocupados…  Con tanto Zombie ha sido difícil encontraros…

- ¿Dreck? ¿Elderbar? ¿Eres tú? ¿Qué cojones dices? – Refunfuños ahogados fueron las preguntas del Ghoul, protestas ahogadas por el deber, por la mirada arrogante y peligrosa que Orión debía de estar dedicándole. -  No estoy para tonterías… Me duele la cabeza…

- ¡Argggg! – El grito exaltado del Malkavian provocó otro chillido similar al otro lado de línea, que no hizo más que poner más nervioso al Vampiro. - ¡Putos zombies! ¿Te han comido mucho cerebro?

- ¡Joder! – Un nueva protesta se espetó contra las paredes del trastero, dibujando las letras impresas en el eco ficticio del cuchitril. – Estás con Marcus, ¿verdad? ¡Pásamelo!

No sin cierto recelo, aceptando el mandato imperativo y silencioso que todo el cuerpo del LaSombra ordenaba, Dreck le pasó el teléfono con una expresión de cachorrito indefenso, como si no fuera más que un pequeño perro abandonado en una carretera, un animalito preso con un Amo perverso y cruel, sin escrúpulos, ni remordimientos.

- ¡Eh! ¿Marcus? – Teo arrastró la voz, con suavidad y pereza, tratando de recomponerse e ignorando los primeros síntomas de la reseca que, ansiosos de agua para calmar la sed provocada por el alcohol, empezaban a hacerse presentes en el estado anímico del ghoul. - ¿Qué le pasa a ese Bicho?

-  Nada… Sobrecarga de los circuitos… - Los susurros de Marcus se hicieron extraños, raros, como si, la expresión de Terror que se reflejaba en la sonrisa maniaca del Malkavian, empezasen a calar su interior, provocándole unos escalofríos que no quería sentir. - Eso o se ha vuelto a drogar a mis espaldas… ¡No hay quien le soporte!

- ¡Mentiroso! ¡Luzbel me quiere! ¡Me quiere! – Sus pupilas se agrandaron, convirtiéndose en dos pozos de Sombras, de Tinieblas tétricas. La sonrisa que se dibujaba en los labios agrietados de Elderbar se amplió, entristecida, pero rodeada de aquella locura preocupante, que no dejaba de tener ciertos matices de sensatez. - ¡Ella se preocupa por mí! ¡Y vosotros por ella no! ¡Esta sola! ¡Lo sé!

"Las Almas inmortales... 
¿Podrán vivir de Sombra y de Engaño?"

Cansado, harto, colérico y muy irascible, Marcus Giordani, LaSombra, miembro importante del Sabbat. Traidor. Sin escrúpulos. Sin conciencia. Cerró sus largos tentáculos de Negrura sobre el cuello del Malkavian, usando así la Obtenebración a su antojo, disciplina que le permitía jugar con la Oscuridad. Grande y deforme, la extremidad que configuraba, hacía tan solo unos segundos, su brazo izquierdo, se bifurcó en cientos de ramificaciones de Tinieblas que, rabiosas, se entrelazaron unas con otras, formando dedos y garras alrededor de los hombros de Dreck De Rother, elevándolo en el aire, agitándolo como si fuera una campanilla, apretujándolo hasta hacer crujir sus huesos en un chirrido ensordecedor. 

-  ¿Qué ha pasado? – El interrogante surgió por el auricular con precaución, con un cierto tono de miedo prácticamente imperceptible. - ¿Marcus?

-  Nada. No ha pasado nada… - Los Tentáculos de Sombra, dotados de vida propia, sentaron al Malkavian sobre una mesa y, muy lentamente, como si estuvieran saboreando y alimentándose del Terror del Vampiro, se fueron retirando en una caricia lenta, delicada, pero letal. - ¿Estás con Orión?

-  Sí. Te envía saludos…

-  ¿Dónde estáis? – El brazo izquierdo de Marcus se volvió de carne, de huesos, tendones y músculos, dejando tras de sí una especie de aura negra, allí donde la gabardina se había roto, dejando al descubierto la piel morena del italiano. - ¿Y Luzbel?

-  En un piso… Cerca de la Divina Comedia. Estuvimos allí ayer… ¿Te acuerdas? Y…

Interferencias. Silencio. Interferencias.

Batería baja. 



Si quieres saber cómo continúa... Memoria Fotográfica Capítulo 2 (Parte 1)

Nota para Curiosos: Los Clanes Vampirícos de este relato están extraídos del Juego de Rol "Vampiro: La Mascarada". Para más información y para aquellos que quieran echarle un ojo (O los dos ^^) este es el link El Rincón Del Vampiro ;)

viernes, 16 de enero de 2015

Gracias

Será que hoy tengo la sensiblería a flor de piel, como si todos los pétalos de un montón de Girasoles de Magia Infinita me rozasen, al compás de las melodías de un viejo Trovador Soñador…

Será que mi Alma se ha transformado en Algodón de Azúcar o quizás… Quizás los Unicornios y demás Seres de Fantasía que siempre han estado rondándome vuelven a casa…

Será que las heridas ya no lo son… Y lo único que queda de ellas es Nada, salvo los hilos de purpurina de mil colores con las que se cerraron, con mimo, con suavidad, con Tiempo hecho de Sonrisas…

Será que el Corazón empieza a sacudir el frío del Invierno, del Letargo en el que estuvo enclaustrado, mientras esperaba a que su Dueña recordase que no podía perder a sus Musas, Amigas de las Noches de Insomnio, de los Paseos entre las Nubes, de las Ganas de Volar… Será que mi Músculo Bombeador de Sangre de Duende ya no siente pánico, no se siente solo, pues los Vampiros de Memoria Fotográfica empiezan a merodear por la Mente, correteando como locos, divertidos, buscando un hueco en mis Horas para poder vivir entre las letras…

Será que la Imaginación vuelve a estar activa, dichosa y ávida de hacer explotar a las neuronas entre cientos de escenas épicas con una Banda Sonora Propia, Original… Una Banda Sonora que no es más que los latidos arrítmicos, alocados, hiperactivos y estrambóticos de mi Corazón… De mi Corazón sin aderezos, sin maquillajes, a pecho descubierto y tatuado de Mariposas y Estrellas que no son de Nadie, que son solo mías, porque con mis Lágrimas, las Sonrisas y las ganas de Vivir fueron cogiendo impulso, aleteando, convirtiéndose en las más hermosas, reinando en un Universo Paralelo… En mi Universo de Nubes

Será… Será que me siento bien. Será que de camino a casa, he entrado en un supermercado y me he comprado un Huevo Kinder porque sí, porque me apetecía… Porque me apetecía chocolate, porque me apetecía una Sorpresa de Nadie, porque las Sorpresas son así… A veces, buenas… A veces, feas… A veces, no te sorprenden… Otras, son Mágicas… En ocasiones, no llegan nunca… Y, si te da la gana, existen momentos en los que las Sorpresas las buscas tú, en el interior de un Huevo de Chocolate, destinado a los más peques… (Y no tan peques, como yo…)

Será que solo quiero dar las GRACIAS.

GRACIAS a todos los que me animasteis a escribir, cuando yo solo veía Sombras… GRACIAS porque Las Letras Suicidas y Sangre En La Nevera nacieron como un impulso… De esos impulsos que sabes que se quedan, que, en realidad, no son más que el Eco de una Decisión ya tomada, que solo necesita un empujón.

GRACIAS a los “Desconocidos” que me leéis… No tenéis ni la remota idea del BIEN que me hacen vuestros “me gustas”… Soy un Despiste Total #SeSabe por eso quiero agradecéroslo así, como mejor se me da: Dándole a las Letras.

GRACIAS a todas esas Personitas que comparten su Esencia, su Magia… A todas las que escriben, a todas las que me llegan al Corazón con sus magníficas palabras…


Simplemente… GRACIAS

Va por vosotros... 


domingo, 11 de enero de 2015

Memoria Fotográfica (Capítulo 1-3)

Madrid. Septiembre del 2013.

Los aullidos guturales se fueron extinguiendo con suavidad, lentamente, arrastrados por un rumor lejano, con sabor a Apocalipsis ficticio, edulcorado con aquellos pasos desequilibrados que asemejaban a una borrachera. Los últimos Caminantes de la Marcha Zombie corrían despacio, como tortugas putrefactas que no querían como compañía la Soledad Humana, sino más bien ser una marea de Mosqueteros No Muertos, unidos por un lema silencioso que no necesitaba palabras, pero que parecía hondear una bandera invisible, tatuada con el famoso lema de “Todos para uno y uno para todos…” del gran Alexandre Dumas.

Vecinos, curiosos y espectadores parecían hastiados, cansado ya de ver cómo una panda de descerebrados, frikis y adictos al Rol paseaban sus personajes inventados por el asfalto y las aceras, como si no hubiera un Mañana, como si sus enemigos fuesen las personas, y ellos una especie de Redentores de la Humanidad regalándoles un aviso, una amenaza sacada de un cómic, la posibilidad de que el Mundo conocido fuese destruido y todas las virtudes y las miserias de la Sociedad salieran a la Luz, sin ninguna posibilidad de ser escondidas entre mentiras y secretos. 

La culpabilidad, la confusión y un Corazón demasiado humano para vivir dentro del pecho de un Vampiro, guiaron a las New Rock de estilo vintage de Luzbel hacia la avenida, dejando tras de sí el callejón y, entre sus muros de ladrillos carcomidos, el recuerdo de un beso que nunca debió nacer.

Culpabilidad. Corazón. Dudas. Miedos. Sentimientos. Emociones.

Todo ello elevado al máximo exponente.

Humanidad.

"Debemos sobrevivir a la Gehena y establecer los principios
del nuevo Orden Mundial
una vez que se supere el horror.
Si queremos tener éxito, debemos controlar a los demás Clanes.
No puede perderse más Tiempo. Si no podemos convencerles
para que nos ayuden, habrá que obligarles."
Cita Trémere 
Humanidad. Humanidad en un Vampiro. Humanidad en una Trémere. Era un defecto. Uno muy grande. Demasiado. Una especie de desperfecto, de imperfección que la obligaba a ser vulnerable, que la hacía sentirse como una especie de sádica aprisionada entre un grupo de Santos sin pecados. Un error del Abrazo, una anomalía en su carácter, en su condición de No-Muerto. Un resquicio de su Alma que no había abandonado su cuerpo, que se había quedado anclada para toda la Eternidad en su interior. Un Vampiro con un pedacito del Ser Humano que había sido, del que no sabía nada. Otro error más del Abrazo: La Amnesia. La Amnesia que emborronaba su Pasado. Un Pasado que no tenía Nada, salvo la vaga imagen de Xerenia dándole la No-Vida, mientras agonizaba en un camastro lleno de pulgas, aire viciado por la humedad y el moho y la voz urgente y preocupada de su Sire, pronunciando un nombre sin letras, del que no podía formar su palabra.

-  Merde! -  Los pensamientos de Luzbel se diluyeron entre las neuronas más activas de su cerebro, fundiéndose sin previo aviso, volviéndose ideas inconexas, cuando una horrible quemazón comenzó a dibujar intricados símbolos en un bermellón muy brillante sobre la palma de su mano izquierda. Líneas que se cruzaban unas con otras y que, sin vergüenza y acostumbradas a recorrer la fina y delicada piel de la Trémere, ascendieron por su brazo, como serpientes hambrientas y seductoras, dejando en su recorrido una caricia de fuego. – Merde! Merde!

Las víboras escarlatas continuaron su camino, rodeando el cuello, bordeando el hombro derecho, recubriendo de tatuajes cada centímetro de su cuerpo bajo la ropa. Ramificaciones que se unían, se besaban, se retorcían una y otra vez, como si estuvieran dotadas de vida y escribieran mensajes del Más Allá sobre un lienzo suave.

Era una enfermedad. Una enfermedad con nombre propio. Una enfermedad denominada Visión. Premoniciones sobre el Futuro, recuerdos sobre el Pasado. Nunca estaba segura, solo sabía que pasaban, que el Tiempo se detenía, o que, por el contrario, avanzaba desesperado, haciendo de los minutos horas interminables y de las horas días caóticos. Llegaban y se iban sin permiso, sin importar el Lugar, el Cómo o el Cuándo. La Realidad se distorsionaba y Luzbel dejaba de ver, de ver el Mundo tal y cómo los apreciaban sus iris castaños, para no ser más que un reflejo, un resquicio de un “algo”, de alguien…

-  M-e-e-r-d…

La lengua se enredó y las letras se durmieron en las cuerdas vocales, atraídas por una Oscuridad asfixiante, silenciosa, impenetrable. Los párpados de la Trémere cayeron con rapidez y, como una niña miedosa, los apretó con fuerza, con mucha fuerza, esperando que, por un golpe de suerte, al abrirlos, un Zombie rezagado le diese un empujón. Sin embargo… Cuando las pestañas se alzaron con timidez, haciendo un barrido delicado, las pupilas de Luzbel se contrajeron de golpe, asustadas, cuando un Sol radiante iluminó su rostro sin dañarla.

Sin ninguna orden dada, las piernas de la Vampiro comenzaron a moverse con paso inseguro y muy lento. Caminaban despacio, entre las losas de mármol agrietado de un corredor antiguo, abierto al día, con muros gruesos, infranqueables, mágicos, cargados de infinidad de grabados de otra época, de otro Tiempo. Curiosos, o quizás no, ni siquiera lo sabía, los dedos de Luzbel se extendieron y sus puntas rozaron el relieve de las piedras en una caricia mimosa. Y, en respuesta a las carantoñas, la pared susurró con su voz mineral contra la piel de su recién adquirida amante, regalándole un relato bélico, sangriento y de una crueldad que no parecía tener fin.

Los chillidos, las pisadas de sangre sobre el pavimento, los fantasmas disfrazados de soldados corrían y corrían, una y otra vez, alzando sus espadas, entrechocando los escudos contra un enemigo enfurecido, sediento de Sangre… Con la Parca de su lado, no había piedad. No existía piedad. Pero… 

- Ne pas! – El “No” rugió en la garganta de Luzbel, un “No” asustado, un “No” de incomprensión, al descubrir que, los defensores del corredor no tenían armaduras, solo largas túnicas de monjes, de druidas, de magos… No lo sabía, lo único que entendía era que no eran guerreros entrenados para el Arte de la Muerte. – Ne pas! Se il vous plait!

Unos iris azul hielo se detuvieron, abandonando su danza sangrienta, perdiéndose en el interior de las pupilas de la Trémere, atraído por el “¡Por favor” suplicante. Una sonrisa fría, congelada y hermética, se dibujó en el rostro hermoso del Guerrero; Una sonrisa que sabía a Mal, a Miedo, que no parecía ni quería tener remordimientos, cuya conciencia no contaba con un Pepito Grillo capaz de dar consejos.

Y el Guerrero avanzó entre los gritos de horror. Y Luzbel dio un paso atrás. Y otro. Y otro más. La Vampiro quería atacar, podía atacar. Era fuerte. Era un Trémere y dominaba la Taumaturgia a la perfección, sin embargo… Sus piernas seguían sin admitir órdenes, como, al parecer, le sucedía al resto de sus músculos, que, anulados, estaban rígidos. 


-  Je… Yo… - Su espalda se estampó contra una pila bautismal de obsidiana reluciente, en cuya superficie luminosa, cientos de lenguas violáceas bailaban al compás del fuego lila que ardía en su interior. Protectora, una Diosa de extraordinaria belleza la sujetaba entre sus perfectas manos angelicales, permitiendo que los haces de luz púrpura formasen tatuajes entre sus dedos. Pero la Deidad no era el Bien, algo de Mal había en sus formas, en las alas de mármol negro que se extendían hacia la Vampiro, como si, en un gesto maternal, tratase de abrazarla. – Je… Je…

Dolor. Una sacudida de dolor cruzó fugazmente ante las pupilas del Guerrero que, aún sonriente, extraía sin dificultad alguna su arma del abdomen de Luzbel, triunfal, regodeándose en silencio por su épica gesta, que de épica solo tenía la escena desgarradora que seguía sucediendo tras él, como en una película a cámara lenta.

"Estamos unidos por la Sangre...
Y la Sangre es Memoria sin Lenguaje..."
La sangre acudió a la llamada del acero, rauda, veloz como un torrente ante el deshielo de la Primavera, rápida en toda su esencia no esperó para empapar el corsé de la Trémere, envidiosa, formando nuevos dibujos sobre la tela, tratando de competir con las líneas de fuego que se extendían por su piel. Derrotada, la Vampiro se arrodilló, sin querer hacerlo, obligada por unos mandatos que no eran propios y que, sin embargo, no podía desobedecer. Trató de levantarse, de correr, de usar la Dominación… Pero la Oscuridad volvió. Densa. Muy densa.

-  ¡Chiquilla! ¡Maldita sea! – El rumor llegó desde lejos, amortiguado por las Sombras, aunque, en verdad, la voz pastosa estaba pegada a su oído, mietras unos brazos la sujetaban con firmeza. – Si sigues gritando y retorciéndote así, vamos a tener a toda la pasma sobre nosotros en unos minutos… No te preocupes… Tío Blas cuidará de ti… El Sol va a salir y esa herida que tienes es muy fea… Y no queremos que entres en Frenesí, ¿verdad? En fin… Estoy convencido de que a Sartres le vas a gustar.


"Apenas te conozco y ya me digo:
 ¿Nunca sabrá que su persona exalta todo lo que hay en mí de Sangre y Fuego?"



Si quieres saber cómo continúa... Memoria Fotográfica Capítulo 1 (Parte 4)

Nota para Curiosos: Los Clanes Vampirícos de este relato están extraídos del Juego de Rol "Vampiro: La Mascarada". Para más información y para aquellos que quieran echarle un ojo (O los dos ^^) este es el link http://dreamers.com/elrincondelvampiro/clanes_disciplinas.html ;)