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Proyecto Assassins´s: Constelaciones...

"Nunca dejes que nada, ni nadie te cambie, Kalena, a menos que tú desees dicho cambio... Nunca permitas que un Maestro te elija, elígelo tú a él... Y supéralo..."

Al-Keled, el Inmortal.

Como susurros de un tiempo demasiado lejano, las palabras de Al-Keled estrujaron el Corazón de Kalena. Cada sílaba era como un puñal oxidado y carcomido por el Monstruo del Pasado, sin compasión, se clavan en lo más profundo de su Alma. Echaba de menos al Anciano, echaba de menos el aroma de la cera al derretirse y la pequeña casita que se escondía en una de las calles más peligrosas de París.

No solo había sido su Mentor, su guía, sino que se había comportado como un Padre. Paciente y estricto, Al-Keled siempre supo que Kalena lo había elegido como Maestro, mucho antes de que Él mismo sintiese la necesidad de trasmitir su Legado.

- Kalena... Tu mirada fue bendecida por Selene. La plata que recubre tus iris se forjó bajo el manto protector de la Diosa de la Luna. - La voz de Al-Keled era suave, dulce, envuelta en aquel tono paternal que solo utilizaba con la Joven, que solo su discípula tenía el derecho a conocer. Enfrentar a Kalena al reflejo de su cuerpo desnudo formaba parte de un aprendizaje que muy pronto llegaría a su Fin. - Cada Constelación grabada sobre tu piel es un nivel alcanzado, superado... Los cimientos sobre los que se asienta tu Esencia más pura. Son conocimientos que requieren ser trasmitidos, pero no cualquiera puede tener acceso a la Verdad... ¿Recuerdas cuál fue el primero de todos ellos?

- ¡Virgo! - Concisa, clara y rotunda, la respuesta salió de sus labios con rapidez, mientras su mirada plateada se proyectaba sobre Spica, la Estrella más brillantes de la Virgen, luciendo sobre la cara interna de su muslo izquierdo. - ¡Fue Virgo!

- ¿Qué representa? - Al-Keled formuló la pregunta con curiosidad, a pesar de que sabía la respuesta, a pesar de que Kalena también la conocía a la perfección. - ¿Lo recuerdas?

- La Virtud... - Trece años. Tenía trece años cuando, junto a Spica, el resto de Estrelltas de la Constelación de Virgo se apoderaron de su piel. - La integridad hacia la Verdad... Excelencia moral, poder y fuerza, castidad, pureza...

Una  semana después de aquella conversación, dos antes de encontrarse con Baltar, Al-Keled tatuaba a Escorpio sobre el Corazón de Kalena, la última Constelación que debía decorar su cuerpo.

Escorpio. Trasmutación. Renovación. Cambio. Destrucción. La Muerte, pero también la Vida.

Y, desde aquel instante, cada nuevo día había sido distinto, igual. Cada nuevo día, allí estaba su sonrisa, sincera, misteriosa y rodeada de una extraña felicidad. Una sonrisa divertida, desafiante y arrogante, llena de una falta de respeto hacia el Asesino y, al mismo tiempo, cargada de una gran admiración. Una sonrisa que, como en aquella noche, se iba desfigurando poco a poco, pero que, cada amanecer, enigmática como la Luna, volvía a florecer.

Lejos de las reglas impuestas por la Nobleza a la que pertenecía; Del rol de esposa, madre y amante que había estado a punto de imponerle... Kalena se sentía libre, se sentía ella misma. Podía ser Kalena. La auténtica Kalena.

Cuando aquella sensación de Libertad la embriagaba, como el mejor y más potente de los licores, tentada estaba a estrechar a Baltar entre sus brazos. Pero, entonces, recordaba lo mucho que odiaba al Asesino y las ganas de abrazarle se diluían, arrinconadas en un pequeño hueco detrás del Corazón.

Y de pronto... ¡Zas!

La estructura de sus Pensamientos se quebró en menos de un suspiro, deshaciéndose en cientos de imágenes invisibles, espectros que parecían rondarla en mitad de la madrugada.

El silbido de la flecha llegó amortiguado por la aparatosa caída desde el árbol, solo entonces Kalena fue consciente de que acababa de besar el suelo albrombrado de hojas.
Seductora, la punta del aguijó lanzado por Baltar, había desgarrado la frágil tela del camisón, dejando al descubierto Andrómeda sobre su costado izquierdo. Un mal presagio, una Constelación que trataba de avisar a su Dueña sobre el peligro que corría.

Un suave quejido se escapó de la garganta de la Joven, mientras se mordía el labio inferior, dolida más en su Amor Propio, que todo lo que su cuerpo pudiese reflejar. Un cuerpo que, en apariencia, solo mostraba dos profundos cortes que, ávidos de un instante de protagonismo, escupían sangre, bañando las piernas desnudas de Kalena, lamiendo las Estrellas que se iba encontrando a su paso.

Alzó la vista, atraída por los gruñidos que se estamparon contra sus oídos, pero nada se reflejó en su mirada de plata al cruzar sus ojos con el Krull que la observaba curioso. Nada que delatase qué sentía, o qué pensaba... Orgullosa, sin miedo y soberbia, se levantó sin dificultad, ignorando sus apariencias. No solo la de su pecho, que se asomaba por el desgarrón de un tejido que había perdido toda pureza, sino todas las demás. Amparada en ropajes masculinos, Kalena había logrado disimular cortes, arañazos, moratones e hinchazones delante de Baltar. Nada que demostrase la agonía y la tortura de cada entrenamiento, nada que la hiciera parecer débil. Sin embargo, tras dos meses, su cuerpo comenzaba a protestar, eligiendo un mal momento para mostrar flaquezas. 

De ahí que necesitase un segundo para respirar, uno solo, un instante de aliento que el Asesino le había arrebatado sin contemplaciones. Y, a pesar de ello, a sabiendo que Baltar debía estar en algún lugar muy cercano, no pediría ayuda. No. No lo haría. Nunca.

Era su turno. Empezaba el baile. 

Como si de un ancestral sortilegio se tratase, los Krulls cayeron rendidos ante el embrujo que envolvía a la Joven. Hipnóticos y mágicos, sus brazos danzaban al compás de una melodía vegetal, cuyo ritmo marcaba la voz del Viento. Giraban las muñecas una y otra vez, olvidando las descargas de dolor que ascendía como culebrillas hasta el codo, para enroscarse maliciosas sobre él y llegar hasta el hombro, clavando así su veneno lacerante. 
Macabras cariocas mortales, que no eran más que primitivas hondas moviéndose graciosas, cruzándose delante de su rostro, sobre su cabecita, como si fuese una malabarista de un territorio aún sin explorar, ejecutando a la perfección su número, ante un público demasiado exigente. 

Y, a una señal que solo Kalena percibió, las puntas de los pies elevaron a su Dueña sobre el pequeño charco escarlata que comenzaba a formarse a su alrededor. Una vuelta de bailarina delicada, dos, tres... Y, a la cuarta, la Magia hizo efecto.

De forma brutal, dirigida con sumo cuidado y destreza, azuzada por la fuerza del movimiento, la primera piedra se hundió en la frente de uno de los Krulls, regalándole un Tercer Ojo que le permitiría tomar conciencia del Más Allá. Sin previo aviso, la Bestia se desplomó fulminada, bajo la incrédula mirada de su camarada que, antes de que pudiera ver el pedrusco volar, se encontró con el segundo, aplastándole la garganta, quebrando los huesos, haciendo oscilar su cabeza de forma cómica hacia atrás, cayéndose de espaldas por su propio peso.

"¡Debes ser Valiente!", como un eco atronador la voz de Al-Keled resonó en su cerebro, mientras las piernas de Kalena se rendían, obligándola a arrodillarse de pronto. No quería fallar. No quería fallar delante de Baltar. No. Ni quería, ni podía.
 Con Coraje,  despreció el cansancio, el dolor y la debilidad que sentía, para tratar de incorporarse, pero temblaba como una hoja mecida por un huracán. Las neuronas instaron a los músculo a moverse, sin embargo, estos desobedecieron.

"¡Fuerte!", la palabra de "El Inmaculado" fue destripada de inmediato, bajo la mole de suciedad, venganza y lascivia que la placó, ocultando su cuerpo, no solo ante los ojos de Baltar, sino también de las miradas asquerosas y morbosas de los dos Krulls que permanecían en pie, ansiosos de disfrutar de su nueva muñequita rota.


"¡Eres una Inmaculada!", las sílabas se desgarraron una a una, a medida que las garras de la Bestia se clavaban en los restos de la tela que permanecía intactos, destrozando el camisón. Divertido, sus carcajadas resonaros en el Bosque, más y más altas, cuanto más se retorcía Kalena, forcejeando como una lagartija entre los dedos apretados de un niño.

"... Catherine de Saint-Armand, hija de Gédeon de Saint-Armand, Maestre Templario. Tu aprendizaje ha terminado. Siempre fuiste Kalena y, en ti, se cruzarán los tres linajes...", los recuerdos se tiñieron de Oscuridad y Sombras, huyendo al rincón más perdido de su Mente. Sin permiso, sus párpados, a pesar de la resistencia, se fundieron con su mirada de plata, dándole la bienvenida a la inconsciencia.



¡Un momento! ¿Aún no conocéis a Baltar? Bueno... ¡Eso tiene fácil solución! J.C Sánchez te lo cuenta AQUÍ ¡¡Disfrutad!!

Comentarios

  1. Genial, Campanilla!! A mí no es que me encanten las historias de fantasía por lo general, pero ésta me tiene enganchada desde el primer renglón. Me encanta tu forma impecable de narrar, la personalidad de la protagonista, a un tiempo fuerte y frágil, el argumento aún solo perfilado pero que promete mucho... vamos, que estoy encantada!! Espero que haya muchas más partes y que podamos conocer toda la historia que vuestras productivas imaginaciones haya tramado ;)

    Me encantó, lo he dicho ya? :))

    Un abrazo enoooorme y feliz jueves!!

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    Respuestas
    1. ¡¡Aiiiix!! ¡¡Julia!! *-*
      ¡Me encanta que te encante! #SeSabe
      Kalena... Creo que se va a convertir en un Pj con una personalidad muy fuerte... O, al menos, esa es mi intención... ¡Y espero conseguirlo! Aunque en este tipo de Historias es el Pj quién manda en su creador ;P Y es un gran reto para mí superarme a mí misma xDD
      El argumento aún está un poco en el aire, pero dependerá de las reacciones de Kalena y Baltar ante nuestras retorcidas Mentes... Al menos, la mía, en estas colaboraciones suele ser bastante malosa xDDD
      ¡Muuuuchas asias por apoyar este proyecto!
      ¡¡Besis Enormes!! ;)

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  2. Me ha encantado. Espero la siguiente entrega. Esta heroína me gusta mucho, y eso que no conozco nada de este mundo. Me estas enganchando a él. Un besillo.

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  3. A-LU-CI-NAN-TE Campanilla, una profundidad en el personaje de Kalena increíble, a través de las experiencias pasadas con su mentor Al-Keled, las constelaciones tatuadas, su significado y precisión en el contexto de los acontecimientos, frases como... "la primera piedra se hundió en la frente de uno de los Krulls, regalándole un Tercer Ojo que le permitiría tomar conciencia del Más Allá" y "cuanto más se retorcía Kalena, forcejeando como una lagartija entre los dedos apretados de un niño", ¡¡¡BRU-TA-LES!!!
    Una lectura más que apasionante, una historia fantástica, adictiva y tan bien narrada que me he encontrado con mis ojos pegados a la pantalla mientras se me caía la babilla. No me ha encantado, me ha fascinado totalmente. ¡Quiero más!
    ¡Abrazos Feroz Escritora! ;)

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  4. Todo un mundo tiene esta chica en su interior y en su exterior como nos hace ver en sus letras. No pares Campanilla!!!!
    Besos!!

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  5. Una muy buena continuación presentándonos un poquito más a este impresionante personaje (Kalena) mediante ese flashback, en el que también se nos presenta a otro poderoso personaje. Con metáforas y símiles elegantes, bellos e impresionantes, nos haces sentir lo mismo que Kalena: su dolor, su cansancio, sus ansias de venganza, su fuerza... Y mediante precisas descripciones, consigues que nos sumerjamos no solo en su atmósfera e historia, sino en su mente: logras que nademos en ella, descubriendo un poquito más de sus secretos.
    Una gran experiencia, como siempre.
    Un abrazo, Campanilla.

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