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La Dadora De Sangre (Tercera Parte)

Despertó aterrado, sin saber donde estaba.
Vivo. Estaba vivo.
Sabía que eso solo podía significar que Asalhia había muerto. La Dadora de Sangre se había llevado a cabo.
Echó a correr, quizá aún hubiese esperanzas.


Sentada sobre la cama, Asalhia devoraba un libro.
Mihael adoraba a ver a su esposa leer, pues sabía que en aquellos momentos, Asalhia estaba muy lejos de allí, su mente volaba, absorbiendo conocimientos.
-   ¿De qué trata? – Le preguntó, colocándose junto a ella.
-  Rituales de la Edad Media. Hace un mes, hubo un seminario sobre ello y me resultó muy interesante.
-  Quizá pueda ayudarte. – Se ofreció.
-  ¿A sí?
-  No olvides que viví en aquella es época...
-  Es cierto… - Dudó un poco al hacer la pregunta que bailaba en su lengua. - ¿Conoces la Dadora de Sangre?
-  No, nunca he oído hablar de ella. – Mintió.
Pensó que nunca más volvería a escuchar el nombre de aquel rito. La Dadora de Sangre había sido uno de los peores ritos inventados por los brujos, pues, aunque su fin, quizá, era positivo, sus consecuencias solían ser nefastas. Liberar a un Alma de la Oscuridad era algo muy peligroso si no se estaba convencido de ello y, normalmente, acababa con la muerte del sacrificado y del recibidor del sacrificio. No quería exponer a su esposa al horror de aquello, pues ningún libro mostraría lo desagradable que era. Él había asistido, por casualidad, a uno de ellos y juró que nunca más volvería a presenciar algo así. Se podía respirar la Muerte y el Dolor durante las horas que duraba aquel ritual. Tras la gran cantidad de muertes que produjo durante la Edad Media se prohibió y acabó convirtiendo en un mito.
-  Pues aquí hay un capítulo dedicado por entero al rito...
-  A veces, pienso que lees mucha porquería… Rituales Sangrientos de la Edad Media… No creo que sea apto para ti… 


Sin hacer ruido, forzó el portón de la entrada de la casa de Anuk.
Silencioso, como una sombra, se deslizó por las escaleras, guiándose por el ruido metálico que hacían los dedos de hojalata del brujo.
La escena que se desarrollaba en el sótano lo paralizó.
Con extrema delicadeza las manos de Anuk rozaban el cuerpo desnudo de Asalhia, con mimo acariciaba su mejilla como si de un amante se tratase. Agachó su cabeza para situarse cerca de los labios de su esposa y se dispuso a besarla.
Rabia. Angustia. Impotencia. Dolor.
Sus sentimientos se encontraron y explotaron.
En un suspiro, Mihael se situó delante de Anuk y lo empotró contra una estantería, haciendo saltar todos sus botes y cacharros, estampándolos contra el suelo, donde se estrellaron.
El Vampiro golpeó al brujo hasta desencajarle la mandíbula. Tras la descarga de adrenalina inicial, se encaró a él.

-  ¿Cómo has podido?
-    Es sencillo… ves esos cortes… - Le dijo señalando las incisiones de las muñecas de Asalhia. – Solo tienes que coger un objeto afilado y sentir como la carne se va abriendo poco a poco. Me encanta.

El brujo se rió ante la cara de despreció que se dibujó en el rostro de Mihael.

-  Mihael… ¿Creías que sentiría escrúpulos porque ella era tu mujer? – Recalcó la palabra “era” para dañar más a su antiguo amigo. – Pensé que me conocías mejor… Además, mírala… Está tan hermosa… ¿Creías que me resistiría a ella?

Mihael no comprendía lo que Anuk le insinuaba.

-  ¿Sabes cuál fue el pago por el ritual? – Sus dedos de chapa juguetearon en el cabello de Asalhia.

Anuk practicaba la necrofilia y pensaba violarla.
Mihael, por fin, alcanzó a percibir lo que el brujo pretendía.
La ira del Vampiro aumentó. Las venas de su cuello engordaban con cada provocación  y su corazón se esforzaba por mantenerse dentro de su pecho. Cerró los puños. Sabía lo que hacer. Un golpe rápido y toda su maldad moriría.
Anuk pareció leerle el pensamiento y lanzó, de nuevo, sus envenenadas palabras contra Mihael.

-  Será mejor que te marches… Querido amigo… Ya no tienes nada que hacer contra mí. No es mi deseo matarte.
-   Soy más fuerte que tú. Lo sabes, viejo loco.
- Tal vez, antes sí. Pero no ahora.

Mihael se desconcertó, pero luchó por evitar que sus gestos lo delatasen.
Anuk le señaló un espejo que colgaba en la pared y lo invitó a mirarse.
Incrédulo, ante lo que vio, Mihael comenzó a comprender el verdadero significado de las palabras de su esposa. “Te prometo que volverás a ver la Luz”. ¡¡Dios!!. Ahora lo entendía. No solo había liberado su alma del infierno al que la lanzó cuando se transformó en un vampiro, le había devuelto su mortalidad.
Ahora, tras quinientos años, volvió a ver su reflejo.

-  ¿Lo comprendes ahora? – Se carcajeó Anuk, las palabras se le atragantaban provocadas por su risa.

Sí. Lo entendía.
La sangre que latía en su corazón era la de su esposa.
Se acercó a ella y vio el terror reflejado en sus pupilas.
Hasta aquel momento, cegado por la furia como había estado, no se había percatado de la frialdad que desprendía el cuerpo de Asalhia. Parecía estar hecha de cera descolorida. Una muñeca sin vida. Cerca de su pecho, un moratón violáceo era el único color que se podía apreciar en ella.

-   Se le rompió el Corazón... – Escuchó la voz de serpiente de Anuk tras su oreja. – No sufrió, si es lo que te preocupa. ¿Sabes que fue lo que más me gustó? El sonido al resquebrajarse por tu culpa. Mihael… una vez más, has logrado acabar con las cosas hermosas que te rodean. Ella ha muerto por ti… Dime, ¿te merecías tal sacrificio?

Anuk se colaba en su cabeza, llenándola de dudas. Aquel dolor  estaba desgarrando su recién recuperada Alma, la culpabilidad estrangulaba sus pensamientos. Y ahora ella estaba muerta.
Quizá de nuevo fuese un mortal, pero Anuk no se saldría con la suya.
Las velas, innumerables en aquel sótano, lanzaban llamaradas de fuego.

-  Púdrete en el Averno. – Le espetó Mihael al mismo tiempo que lanzaba una vela contra la túnica del brujo.

Sin darle tiempo a que reaccionase, cogió a Asalhia en brazos y la sacó de allí. 


-  ¿Te quedarás conmigo para siempre?
-  Sí.
 Aunque, para siempre sea mucho tiempo… ¿Te quedarás conmigo?
Mihael le acarició el rostro y besó su frente, prometiéndole su protección con aquel gesto.
- ¿A qué temes, Asalhia?
 A que te marches y me dejes sola.
-  Yo nunca haría eso. ¿Y tú?
Agito su cabeza a modo de negación y se agarró a su mano con fuerza.


¿Por qué Asalhia le había engañado? ¿Por qué le abandonaba?
La angustia atenazaba su Corazón y los remordimientos, por no haber previsto aquello y, eso, le estrujaban las sienes.
La casa de Anuk ardía a los lejos, alertando a los vecinos que gritaban despavoridos, temiendo que el fuego cercase sus casas y sus llamas destruyesen los objetos que hablaban de sus existencias.
Se paró y envolvió el cuerpo de su esposa con su abrigo.
La pérdida de Asalhia era algo tan doloroso que hubiese dado gustoso su recién adquirida mortalidad por volver a verla sonreír.
Necesitaba encontrar un lugar donde poder estar solo con ella, donde poder despedirse.
Elevó la vista al cielo y se topó con el Cerro de los Tormentos, lugar al que solía acompañar a su esposa a por hierbas, flores, hojas medicinales… y supo que aquel sería el mejor lugar para el descanso eterno de Asalhia, pues allí, ella parecía olvidar todos los males del Mundo para ser libre.
Decidido se encaminó hacia el sendero, con un único pensamiento, otorgarle su último amanecer.


 Mihael, te deseo… - Sus susurros erizaban su piel.
Las manos de Asalhia desabrochaban, con extrema lentitud provocadora, su camisa. Sus labios buscaban con premura su boca para colmarla de besos.
Una danza cargada de pecado que los acercaba más al paraíso, que cualquier acción bondadosa.
Una entrega de cuerpo y alma para ser solo uno, para fundirse en un solo ente.
Las caricias temblorosas de su primera vez… 


Nota: Tercera parte de este relato... Y nada... Para la próxima la ultima... La verdad es que me encantaría reescribirlo porque le veo mogollón de fallos... Pero... Bueno, de momento se queda asi, por los Viejos Tiempos...
Y este relato... ¡Uff! Este relato lo escribí en el 2010 y rebuscando en el Cajón de Escritos Destartalados (que no es más que mi Disco Duro Externo) lo he encontrado... Y me apetecía publicarlo... ;)

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