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Enamorarse Sin Querer, Enamorarse Sin Pretenderlo...

Sé que no debería estar escribiendo esto, sé que ni siquiera debería estar dándole vueltas… Sé que hay tantas cosas que podrían y me harían daño… Pero no he dormido bien… Nada, nada bien…

El Corazón quería hablar, quería ser escuchado y yo, por no querer sumergirme en la Tristeza, le lancé un “¡Cállate! ¡Vamos! ¿Por qué no puedes dejarlo estar?” Porque no, porque si no puedo dejarlo estar, es porque todavía me duele, todavía me importa demasiado. Y me da rabia. Mucha rabia. Me da mucha rabia que me siga doliendo e importando. Pero prometí ser sincera conmigo misma, aunque no sea lo más políticamente correcto, aunque no sea lo mejor y sea injusto. Me lo debo. Me debo decirme la Verdad, aunque esa Verdad me estruje por dentro y me haga nudos allí donde antes había Mariposas.


Sinceridad: Modo de expresarse sin mentiras ni fingimientos.

Y me enamoré. Me enamoré.

Me enamoré de un Alma, sin esperarlo, sin pretenderlo, sin ni siquiera entenderlo, me enamoré. Y lo cierto es que, cuando lo descubrí, lo negué. Negué que me había enamorado, porque era lo más absurdo, ridículo y extraño que me había sucedido hasta aquel momento de mi Vida, porque… ¿Se puede enamorar uno del Alma de una Personita? ¡Ay! ¡Dioses! ¡Me enamoré! Y mi Círculo me lo decía y yo lo negaba, lo negaba… Pero mi mirada me delataba, siempre, siempre me delataba…

Me enamoré de unas letras. Después, me enamoré de una Personalidad con todos sus matices. Tras ello, de un físico, de un chico del que quizá nunca me habría fijado si me hubiese cruzado con Él por la calle, pero por el que andaba colada como una adolescente de quince años. Finalmente, me enamoré de su Voz… Y supe que estaba perdida, siempre supe que lo estaría…

Es difícil hablar sobre ello, es complicado hacerlo sin tapujos… Y escribir… Escribir es mi terapia…
Es complicado porque me da vergüenza. Vergüenza reconocerlo, vergüenza hablar sobre ello…

Sí. Me da vergüenza y mucha. 

Vergüenza... Como si hubiera hecho algo malo...

Vergüenza: Timidez que una persona siente ante determinadas situaciones y que le impide hacer o decir una cosa.

Vergüenza…

Porque el choque entre la Razón y el Corazón fue bestial, porque no le puedes decir a tu Cerebro: “¡Eh! Me gusta un chico… Me gusta un chico de la manera más tonta e idiota que te puedas imaginar… Me gusta…” Porque no, porque es una absurda locura… ¡Joder! Si hasta ahora escribiendo sobre ello, pienso que lo es… Porque sí, porque se supone que estas situaciones pues no son muy normales, porque cuando lo cuentas, la gente te mira raro… Pero… ¡Ojo! No más raro de lo que yo misma me miraba en el espejo… Todos intentaron que comprendieran que no podía estar enamorada, que no, que era imposible y yo siempre les decía: “Llegáis tarde… Todo eso que me explicáis, ya me lo he explicado yo… Ya lo he racionalizado yo, ya lo he hecho todo… Sí… Debo estar cómo un puto cencerro desequilibrado. Punto.” 

Mi amigo el Músico siempre me dice que tengo mucho valor para hablar de ello, para hablar en general y decir lo que siento, aunque parezca que se me han caído todos los tornillos de la cabeza, que hay que tener narices para expresar lo que uno siente así y no parecer una Loca en el intento. Y yo… Bueno… Sé que soy muy Emocional, más de Corazón, que de Cerebro… Muy sensible, que pienso mucho, pero que, finalmente, actúo más guiada por mis sentimientos que por esa Razón que domina a los que son algo más racionales que yo… 

Vergüenza…

¿Por qué escribo esto?

Porque lo que empezó siendo la Curación de mi Corazón, ese proceso de Duelo de cuando una Historia se tuerce; Cuando debes aceptar que todos tenían Razón y que la otra Personita nunca hubiese movido un dedo por ti, a pesar de mil evidencias que te han estado torturando después, que parecían decir y significar una cosa, y se revolvieron para ser solo humo; Cuando no tienes más remedio que cuestionarte cómo fue posible que te enamorases así, sin más, sin pretenderlo… Cuando lo piensa, y lo piensas y lo vuelves a pensar, y te preguntas: “¿Cómo ha podido pasarme esto a mí?", cuando el Corazón te dice " Yo que habría cruzado el Mundo solo por saber qué había de cierto en todo…” Cuando, una parte de ti, cree que quizás Él te lo avisó tantas veces que no supiste verlo, o que, cuando lo veías, todo daba una vuelta de tuerca y se volvía confuso, y te liabas, y ya no sabías qué se supone que sucedía y no entendías nada, porque a veces todo parecía ser Sí, y en otras ocasiones, todo ser No… Cuando has estado tantas noches en vela, que has visto como la Oscuridad y la Luz de las horas se hacían una… Cuando aquel maldito “¿Por qué si dice que me quiere no hace nada?” se hacía tan fuerte y sus palabras se clavaban tan profundamente en el Corazón, que parecían rasgar como un gran cuchillo afilado hasta dejarte sin respiración… Cuando te volvías a preguntar "¿Ha sido Real? O todo ha sido una Puta Locura..." Y leías mensajes antiguos y Todo estaba ahí, inamovible...

¿Por qué escribo esto?

Por vergüenza… Porque quizás ahí fuera haya alguien que sepa de qué hablo, que haya pasado por algo similar y sienta la misma y estúpida vergüenza de reconocer que se enamoró… Y que no pudo evitarlo… Porque, a pesar de todo, avergonzarse por Enamorarse, por Sentir, por Soñar… Debería ser un acto de valor y no uno que te haga sentir tonta. Que te haga sentir que hiciste un gran Mal, que te hizo sentir culpable demasiadas veces, sin saber muy bien por qué...

¿Por qué escribo esto?

Porque soy de Curación Lenta… Porque cuando nos sentamos en los bancos del Parquecino del Barrio y los perros juegan, aún todavía y en algunas ocasiones ya prácticamente escasas, sale esta conversación… El Músico me mira y me dice “Él ya habrá pasado página…” Y sé por qué lo hace, lo sé muy bien… Para que yo también pueda pasarla, para que definitivamente deje de darle vueltas, para seguir, y seguir hacia adelante… Y no puedo más que encogerme de hombros, como una niña pequeña, como si así la hoja del Libro pudiese desaparecer y borrarlo todo…

¿Por qué escribo? ¿Por qué me arriesgo a escribir sobre ello?

Porque… Porque lo que empezó siendo una Curación de mi Alma Herida, se ha convertido en un Proceso de Auto-Conocimiento, los engranajes que parecen haber movido ese mecanismo que los Científicos denominan Madurar… No me gusta madurar, no, no me gusta… Pero al tener que mirar dentro de mi Interior, al verme forzada por la situación, al tratar de salir de aquel Tsunami que lo arrasó todo, empecé a descubrir aspectos de mí misma que sabía que estaban, pero que, en el fondo, desconocía en su totalidad… Empecé a mirarme, a verme, como nunca antes lo había hecho hasta entonces, a observar mis propios matices que se me escapaban, a intentar comprenderme un poquito más a mí misma… Y eso me llevó a la raíz de muchos de mis Problemas, a la reconciliación de mi Pasado, al Perdón, a adorar mi Independencia, a saber que puedo hacer muchas cosas que creí que no podía, como es el caso del Boxeo… Es increíble la Fuerza Interior que tenemos dentro… No digo que haya olvidado, que me haya dejado de importar, porque es evidente que no lo ha hecho… Y lo sé, y sé que se sabe, porque escribo… Porque escribo y me desahogo… Pero ignorando y negándolo, tampoco consigo Nada, salvo ocultarlo y dejar que se me pudra. Y, siendo sincera, no quiero que nada se pudra dentro de mí, porque no, porque, a la larga, es mucho peor…

Cuando escribo sobre mí, cuando me armo de valor y publico una entrada… Bueno… Tengo un pequeño y fugaz momento de Miedo, de Pánico… Es como eso de “Tirar la piedra y esconder la mano…” Sin embargo, luego pienso “¡Eh! ¡Campanilla! Todo las Personas tienen Luces y Sombras en su Vida… Y no todas se atreven a hablar sobre ellas… Así que… ¿Qué más da que crean que estás como una cabra? Al menos tú… Al menos te atreves a mirar dentro de ti…” 


"El verdadero valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el Mundo..."
François de La Rochefoucauld



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