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La Que Habla Con Los Muertos

Había vagabundeado, sin parar, durante toda la tarde, ignorando el frío que le helaba las entrañas y el viento que la abofeteaba sin piedad. Sus pies, sumidos en una consentida autoridad, la habían llevado hasta la verja destartalada del cementerio.

Estaba desierto.

Las campanas ya habían tocado a muerto aquella mañana y una procesión de cuerpos tapizados de negro había acompañado al féretro, como último homenaje a una vida cargada de sabores agridulces. 

En aquel momento, nadie visitaba los muros de piedra, que se jactaban de tener nombres y apellidos propios.

El silencio la invitó a entrar, con un murmullo apagado, a través de la neblina que engalanaba un viejo arco de piedra carcomido por el musgo. Tímido portal que conectaba el pasado con el futuro.

Paseó, recorriendo con sus manos la frialdad de los pasillos, entre historias de amores prohibidos, amistades olvidadas y vidas aburridas.

El peso, de cada uno de los recuerdos que se escondían entre los nichos de mármol y flores marchitas, la golpeó con fuerza y la obligó a arrodillarse ante el único que no quería contemplar: V.M.F.D
Recubierto en plata, el nombre de su tío le arañó el corazón, lo rodeó con sus finas letras de espinas y lo estrujó hasta provocar el suicidio voluntario de sus sentimientos.
Apretó los puños y se clavó las uñas en las palmas. Juguetona, la sangre se escapó de sus venas y se entretuvo deslizándose entre sus dedos hasta formar una mancha rojiza en el pavimento. Era un antídoto ficticio contra aquel desgarrador dolor. 
Y apretó los dientes con fuerza, hasta hacer castañear sus mandíbulas, como si así, pudiese activar un resorte invisible de sus ojos que evitase las lágrimas. Debía de estar roto, pues sus mejillas se empaparon sin querer.

Entonces, él la escuchó hablar con los muertos, gritándole a los vientos que llevasen su mensaje. Estaba escondido detrás de una enorme cruz de piedra gris, sintiéndose un espía de la intimidad de la mujer a la que amaba. Sus fuerzas, aparentemente inquebrantables ante ella, se veían azotadas por cruel realidad de la perdida eterna.

- Vosotros… ¡¡Debería daros vergüenza!! Cargáis a la gente que os quiere con el peso de la ausencia. Huis de nosotros a cambio de un paraíso que solo existe en los libros. Os marcháis, nos olvidáis. Sois las manos que cavan el vacío que dejáis en nuestras almas. ¡¡Seres egoístas!! Carentes de piedad… ¿Tan bien os tratan al otro lado, que no tenéis la decencia de contarnos vuestras aventuras en el más allá? ¿No os dais cuenta? Vuestras voces se extinguen con el paso de los tiempos, son solo ecos hechos de recuerdos. ¡Insensibles! ¿Os gusta ver cómo sufrimos? Porque sino… porque sino, no encuentro respuesta para vuestras partidas…

Las lápidas ni se inmutaron ante su monólogo. Solo un gato se atrevió a romper aquella inquietante calma con un maullido comprensivo. Sus miradas se cruzaron, fundiéndose sus pupilas en un negro universo. El pequeño felino se contoneó insinuante delante de ella, rozando su cuerpo, en un tierno mimo, contra su brazo derecho. Él lo veía todo y, en aquella tarde invernal de finales de enero, sabía que los difuntos, que habían hecho de aquel camposanto su morada, se habían quedado mudos, pues ninguno podía responder a aquella pregunta que ellos mismo se hacían cada vez que las campanas daban la bienvenida a un nuevo inquilino.




Nota: Recuerdo que era una mañana de frío, de invierno... Recuerdo que era la primera vez que pisaba el cementerio de mi ciudad, empecinada en que tenía que visitar la tumba de mi Tío... Fue la primera, pero también fue la última, porque no he vuelto a ir... 
Las sensaciones fueron extrañas, de losa pesada aplastándome el cuerpo. Tristeza. Soledad. Miedo. 
Seguí a mi mami hasta la parte vieja, azuzada por mi insistencia, por esa curiosidad de la que nunca puedo desprenderme, aunque el resultado pueda ser nefasto. Algunas lápidas se caían a pedazos, las fosas comunes solo se distinguían por pequeñas cruces metálicas y oxidadas y algunas fechas se remontaban a 1800 y pico... Otra época, mismo Destino. 
Sentí que el aire se congelaba en los pulmones, sentí cientos de historias flotando en el ambiente, como si los recuerdos de tantas y tantas personas dormidas para siempre quisiesen escapar entre las piedras, huir de la tierra removida... Nunca lo olvidaré. Nunca olvidaré el agobio. Fue raro. Fue real.
Escribí "La Que Habla Con Los Muertos" después de aquel día. Hace cinco años.
Hace cinco años que se fue, que se marchó una noche a finales de enero, durmiendo, sin sufrir (aunque bastante había padecido ya a lo largo de su vida..). Cinco años... Cinco años y aún no me acostumbro a bajar a casa de mis abuelos y que no esté, como si su esencia de fumador empedernido siguiese flotando en el salón... No me gusta el tabaco, sin embargo, ese aroma acre, ese aroma que no puedo describir con palabras, siempre me lo devuelve, con esa forma rara que tienen los recuerdos de manifestarse. 
Cinco años. Cinco años y ahí está. Dormido. Para siempre. 
Tengo momento fijos en mi memoria, de ese fatídico día de funeral que me hizo sentirme culpable durante muchos meses... No pude despedirme de mi Tío. No quise ir al cementerio. 
Lo único que hice fue decirle a mi novio (Con el que compartía mis sueños, locuras y fantasías hasta que el Destino nos hizo tomar caminos distintos) "Sácame de aquí... Sácame de aquí..." Y fue lo que hizo, sacarme de la capilla, llevarme otro lugar donde pudiera sentirme segura...
No. No pude despedirme de mi Tío. No. Ni pude ni quise ver como metían su féretro en un nicho. Preferí quedarme con "Ratonia". 
Y por eso escribí. Escribí "La Que Habla Con Los Muertos" para despedirme. Para no olvidar. Para guardarlo en mi Memoria. 
Este es mi homenaje. Una vez más. A ti. A Ratonia. A todos los que, como tú, se enfrentaron al Diablo y fueron incomprendidos. Por tu Locura. Por ser mi Ángel Guardián.

Comentarios

  1. Ainssss Campanilla, no sé si me gusta más el relato, que es impresionantemente hermoso, o las confidencias que nos haces después, también llenas de belleza (quizás la belleza irresistible que da desnudar el alma con sinceridad). Me has conmovido, te lo aseguro. Es un precioso homenaje :)

    No te aflijas, donde quiera que esté, él sabe.

    Muchos besillos y feliz fin de semana!!

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    Respuestas
    1. ¡Aiiixxx! Julia... Se me había pasado ver tu comentario, ¡sorry! Lo cierto es que hace mucho que aprendí que el Dolor hay que sacarlo, porque sino el Corazón se enquista, se estruja y, a la larga, es mucho peor...
      Y bueno... Las Letras... ¿Qué te voy a contar? Son la mejor terapia...
      Me encanta eso de que "donde quiera que esté, él lo sabe", lo cierto es que soy de tu opinión, sé que lo sabe, tiene que saberlo... ;)
      Sin más, solo darte las gracias de Corazón por tus palabras ^^
      ¡Un super Besazo! ;)

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  2. Hay cosas que los muertos ya saben....en esa fina linea al irse... tus lineas describen hermosa y sentidamente,me encantó leerte. te dejo besos de chocolate!

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    1. ¡Ady! Gracias por tu comentario... Sí que lo saben, pero... No sé... Para mí fue una experiencia un tanto traumática... Realmente creo que Él ya sabía todo ;)
      ¡Besines!

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